¿Por qué no hago lo que quiero?
Nos gustaria compartir con vosotros este escrito que nos ha enviado un amigo muy especial. Espero que os guste tanto como a nostros.
“El frescor veraniego inunda sus pulmones de una vitalidad agazapada por la preocupación de los inviernos. Un resplandeciente sol otoñal se muestra ante su mirada al ver esa figura oscura que se aproxima con aires de grandeza. Es momento de despegar los pies de la hierba y comenzar a caminar hacia ella. Sabe que sólo le traerá disgustos y desilusiones, pero esa es la ley que nos implanta la vida. Deberá dejar volar su crueldad para superar la de otros seres que, como ella, fueron empujados al vacío de las responsabilidades y la supervivencia.
Su vida se convertirá en una pantalla donde los colores no serán más que una ilusión con sabor a recuerdo. Cada día mirará la hoja en la que están escritos los castigos que tendrá que cumplir por el hecho de haber nacido. Toda esa tinta que une letras en fondo blanco existía antes de que ella respirara el suave aroma de la resignación, incluso antes de que supiera respirar.
Es totalmente sumisa a los dictados de una educación implantada miles de años antes de que ella existiera. En ocasiones, la rebeldía se apodera de su cuerpo que niega toda orden publicada por el cerebro. Sin embargo, esa rebelión sólo es una estrella fugaz en un cielo soleado. No servirá de nada luchar contra la supremacía del cerebro. Él es el jefe y está programado correctamente para obrar como Ellos le enseñaron.
Por las mañanas, con la claridad de un despertar adormilado, se pregunta dónde quedaron los juegos en los que el último siempre era el primero, o aquellas preocupaciones sobre el color de las uñas. Pero el grito desesperado de una vida reclama sus atenciones, regañándola por soñar historias vividas por nadie. Enfundándose su traje de hierro, se prepara para una jornada de arduas luchas contra magnates del desprecio y de una superioridad infundada en kilos de grasa rancia. El conformismo es producido por el conocimiento de que la igualdad no es más que una mentira publicitaria inventada por aquellos que, creyendo en una debilidad inventada por los mismos, no saben que son marionetas de sus propias críticas y burlas. Son ellas las que dominan su retorcido mundo, ellos sólo son maniquís de cera que se derriten en un día de calor.
Al llegar a casa, su necesidad de arroparse en brazos que demuestren su valía es un ejemplo más de la soledad que impregna unas paredes repletas de fotos hechas a mano con rotuladores de colorines. En la oscuridad de ojos abiertos, retrocede a los tiempos en que su vida se guiaba por los impulsos de su risa. Vuelve a sentir su cuerpo en rebeldía, pero, esta vez, sus músculos tensados limpian su cerebro de esa pegajosa niebla y, por primera vez después de mucho tiempo, tiene ganas de sonreir…de reir a carcajadas. Y de repente esa pregunta:
¿Por qué no hago lo que quiero?”


